Las expresiones emocionales

Charles Darwin, en sus investigaciones sobre la evolución de las especies, observó y documentó que en los animales se daba una amplia variedad de expresiones emocionales, y en consonancia con su teoría, hipotetizó que surgieron como producto de la evolución. Es decir, que las expresiones emocionales tendrían una función social, y actuarían como señales para favorecer la comunicación y la supervivencia de las especies.

Desde entonces, diversos autores han propuesto teorías sobre el origen y función de las emociones. La más aceptada hasta hace poco en el mundo académico, fue propuesta por la antropóloga Margaret Mead, que afirmaba que las emociones y su expresión, al igual que cualquier otro comportamiento social, estaban determinadas culturalmente.

Sin embargo, hace 40 años, el psicólogo norteamericano Paul Ekman retoma la hipótesis evolutiva propuesta por Darwin cuando realiza una serie de investigaciones en tribus aisladas que no habían tenido contacto con otros grupos y por tanto no habían sido culturalmente influenciadas. Ekman observó, filmó y fotografió las expresiones de individuos de más de veinte grupos culturales, y demostró que eran reconocidas y expresadas de forma similar en todos ellos y por lo tanto universales y biológicamente determinadas.

Quizás una de las implicaciones más interesantes de la determinacción biológica de las expresiones emocionales, es que, por su naturaleza innata, tienden a manifestarse aunque no lo queramos, ya sea porque en algunas culturas no esté bien visto expresar una determinada emoción, o porque en determinadas circunstancias no queramos que se conozcan nuestras verdaderas emociones.

Además, en sus investigaciones, Ekman encontró que todos los grupos reconocían y expresaban las emociones básicas de miedo, sorpresa, aversión, ira, alegría y tristeza. Más tarde, amplió este rango, añadiendo el desprecio o desdén, complacencia, bochorno, entusiasmo, culpa, orgullo o vergüenza entre otros. Para expresar estas emociones, utilizamos, gestos, posturas, sonidos y principalmente, la expresión facial.

A raíz de las investigaciones de Paul Ekman, se ha descubierto que la expresión facial de estas emociones básicas no puede ser fingida, reproducida de manera consciente o disimulada sin ser detectada, ya que los músculos del rostro se mueven de forma involuntaria, sobre todo en las situaciones en que las emociones son especialmente intensas. Por eso, aunque se intente evitar, disimular o mentir respecto a las emociones, estas se manifiestan en lo que se han llamado microexpresiones faciales.

Las microexpresiones reciben este nombre porque se producen de forma casi imperceptible, debido a su corta duración, de aproximadamente una vigésima parte de segundo, y son solo detectadas por personas entrenadas o programas informáticos especialmente diseñados.

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