El Efecto Werther

Muchos autores han teorizado sobre el suicidio como fenómeno social. El sociólogo francés Émile Durkheim escribió en 1897 “El suicidio”, una investigación sociológica basada en datos y análisis estadísticos donde se concluye que se trata de un fenómeno en el que intervienen variables sociales además de individuales o puramente psicológicas. Los datos de sus análisis muestran que, en distintas zonas, el número de suicidios se mantiene en una tasa constante con picos coincidentes con determinados acontecimientos o crisis, y que existen diferencias entre las distintas sociedades o países en función de las características culturales o religiosas.

El sociólogo David Phillips, de la Universidad de California, realizó en EE.UU varios estudios estadísticos en los que se apreciaba que tras el anuncio del suicidio de una persona famosa, se daba un aumento significativo en la tasa de suicidios en la población, y que además se producían de forma muy semejante al primero. Fue David Phillips el que le dio a este fenómeno el nombre de Efecto Werther, en memoria a la novela de Goethe “The sorrow of young Werther” publicada en 1774. Esta novela tuvo un gran impacto en la época, ya que tras su publicación se produjo una oleada de suicidios (similares al llevado a cabo por el protagonista) y causó tal alarma que las autoridades de varios países prohibieron su venta y difusión. Este efecto, también es conocido como copycat y es más probable que se produzca cuando se da una identificación con el modelo y aún más si se trata de un personaje mediático y popular.

Han sido documentados numerosos casos del Efecto Werther. Según las estadísticas, en EE.UU de 1947 a 1968, en los dos meses siguientes a un suicidio de gran resonancia y con gran difusión en los medios, el número de muertes autoinflingidas aumentó un promedio de 58 casos. Uno de los casos más llamativos se produce tras la muerte de Marilyn Monroe, cuando el número de suicidios en EE.UU se incrementó en un 12% durante el siguiente mes. Lo mismo sucedió tras el suicidio del cantante Kurt Cobain de la banda estadounidense Nirvana. También en Japón, donde el suicidio ha llegado a estar “de moda”, durante los días siguientes a la muerte de la cantante Yukiko Okada, ídolo de masas durante los 80, se produjo una oleada de suicidios que llegó a conocerse como “Síndrome de Yukiko”

En el Efecto Werther tienen un papel muy importante los medios de comunicación ya que existe una clara conducta de imitación, y la forma en que se da la noticia influye en su potencial contagioso. Tanto es así que el Centro de Control de Enfermedades (CDC) tiene una serie de sugerencias al respecto de cómo deberían publicarse las noticias de suicidios, como por ejemplo evitar el sensacionalismo ofreciendo detalles específicos o imágenes e impidiendo la identificación del receptor con la víctima.

Durante los años 1983 a 1986, poco después de inaugurarse el metro de Viena, muchos jóvenes se lanzaron a las vías en una oleada de suicidios profusamente reportados por la prensa. Gracias a la intervención de la Asociación Austriaca de Prevención del Suicidio se realizó una campaña para que los medios de comunicación cambiaran la manera de publicar las noticias sobre suicidios, reduciéndose significativamente su número.

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